jueves, 14 de abril de 2011

El Niño que Todo lo Quería Ser



De Manuel Benítez Carrasco 1922-1999

El niño quiso ser pez
Metió los pies en el río
Estaba tan frío el río
Que ya no quiso ser pez.

El niño quiso ser pájaro
Se asomó al balcón del aire
Estaba tan alto el aire
Que ya no quiso ser pájaro.

El niño quiso ser perro
Se puso a ladrarle a un gato
Lo trató tan mal el gato
Que ya no quiso ser perro.

El niño quiso ser hombre
Empezó a ponerse años
Le estaban tan mal los años
Que ya no quiso ser hombre.

Y ya no quiso crecer,
no quería crecer el niño,
se estaba tan bien de niño,
pero tuvo que crecer.

Y en una tarde al volver
a su placita de niño
el hombre quiso ser niño
pero ya no pudo ser.

martes, 5 de abril de 2011

Platero

Nota: Cuando nos toco leer Platero y yo, allá en los sesentas en tercer año de primaria, mi hermano y yo, nos reíamos de lo sencillo que nos parecía entonces su contenido; pero cuando fuimos descubriendo poco a poco su contenido, su riqueza escondida en lo sencillo de cada uno de sus capítulos, lo hicimos nuestro; cambiamos de opinión. Platero y yo es un libro muy bonito, si no lo has leído, leelo te lo recomiendo.

A continuación, Platero, de Platero y Yo, de Juan Ramón Jiménez 1881 - 1958

Platero es pequeño, peludo, suave; tan blando por fuera, que se diría todo de algodón, que no lleva huesos. Sólo los espejos de azabache de sus ojos son duros cual dos escarabajos de cristal negro.

Lo dejo suelto, y se va al prado, y acaricia tibiamente con su hocico, rozándolas apenas, las florecillas rosas, celestes y gualdas... Lo llamo dulcemente: ¿Platero? y viene a mí con un trotecillo alegre que parece que se ríe en no sé qué cascabeleo ideal...

Come cuanto le doy. Le gustan las naranjas mandarinas, las uvas moscateles, todas de ámbar; los higos morados, con su cristalina gotita de miel...

Es tierno y mimoso igual que un niño, que una niña...; pero fuerte y seco por dentro como de piedra. Cuando paso sobre él, los domingos, por las últimas callejas del pueblo, los hombres del campo, vestidos de limpio y despaciosos, se quedan mirándolo:

—Tien’ asero...

Tiene acero. Acero y plata de luna, al mismo tiempo.